Los versos que siguen a continuación, pertencen al libro "Poemas al Vuelo", publicado en conunto con otros escritores de la SADE ( Filial Río Cuarto) en septiembre del 2010.
GOLPES
No gime la roca al golpe de
la maza
ya en polvo deshecha es boca
callada,
el socavón herido no emite
palabra
y el viento del cerro,
tropero de arenas
la arriará partida gritando
en silencio
y las piedras hormigas rodarán huérfanas
tras un porqué sin
explicación
Digo éstas cosas, puesto que
a veces
las palabras, los gestos, golpean tan hondo
que la oquedad del alma
llora por dentro,
y el viento de la boca,
arriero de lágrimas,
es río brumoso de herrumbre
y dolor
navegante ciego, lámpara sin
luz
¿ Será tal vez y sólo por
eso
que cruzo en la calle tantos
labios muertos
miradas que miran sin mirar
siquiera
tal cual buscaran dónde
hallar a Dios?.
Ruben Di
Buccio
A FLORENCIA
( 1946 – 1968 )
Chal
de moras vistió la tarde
en
que el mundo ya no te cabía;
el
aroma de tu alma cobró vuelo
yo,
herencié silencio y cuerpo.
Lento
funeral de lentas lágrimas
fue
el trayecto al cementerio;
al
dejarte deposité mi vida,
sólo,
me lleve el recuerdo.
Transcurridos
los años nunca supe
cuál
de los dos había muerto.
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GLOSA
“La
muerte es vida vivida
la vida es muerte que viene
la vida no es otra cosa
que muerte que anda luciendo”
Jorge L. Borges
“Muertes
de Buenos Aires”
(1929)
Pretendo ser ayer.
Me niega el espejo
insolente biógrafo.
Asido de recuerdos,
-pasajero del
espanto-
invento la vida a
destajo
y a tajos se me va la
vida
desangrando
atardeceres.
Una maleva luna
con cara manchada,
plena,
me mira, así de
pequeño
y socarrona comenta:
LA
MUERTE ES
VIDA VIVIDA.
Entonces orbito
espera
abrigando una vejez
que no molesta,
mas sí sus compañías;
mientras la última
polilla
consume mi calendario
pienso torvo e
inapelable:
LA
VIDA ES
MUERTE QUE VIENE
La siento raíz,
gastarse en mi
quehaceres;
amantes inevitables
somos crepúsculo y
aurora;
asidos de la mano
por rosedales de
olvido
comentamos lo andado.
Lo que no irá en el
viaje,
menesteres menores,
al fin
LA
VIDA NO
ES OTRA COSA
QUE MUERTE QUE ANDA
LUCIENDO.
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PÁRRAFO DE UN CUADERNO DE BITÁCORA
(Anotaciones
del Capitán del barco a su
esposa,
fallecida en alta mar)
Feroz fauce de bala rasa
desgarra la nave insignia,
el fondo del mar exige la popa
y ésta, se prodiga con la dignidad
de los que mueren de pié;
enmudecen sus cañones
otrora bocas de ataque y defensa,
mientras un océano rizado
eleva sus picos
bramando una plegaria.
Huérfanos al garete, sus navíos,
contemplamos la proa que resiste
hasta el último beso del atardecer;
las Pléyades de oriente
alumbran su partida, ya,
una corte de náyades tejen con algas
la sábana para su sueño secular
donde soñará la vocinglería
de bucaneros y piratas.
Mis vertidas lágrimas al agua
salan aún más
el sabor de su ausencia,
asciende dentro de mí
un suspiro de espada quebrada.
Por entre apretados dientes
murmuro, grito, vocifero:
¡ Adiós esposa mía, adiós!,
fallecida en alta mar
el 4 de octubre de 1878.
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SIN ATRAS
El instante troncha el pensamiento
con navaja de historia, y
en vorágine de ángeles caídos
cualquier rústico acto nos implica.
Estamos ahí,
un paso atrás es inútil,
no se aspira lo dicho, o ,
sacado puñal clavado en carne
cierra herida;
impavidez, angustia, ¿ Importa?
en la médula del alma
ya se albergó el instante,
escrupuloso juez que condena
a transitar el desierto erigido
mientras, en el cáliz
de la culpa que escanciamos,
vemos un satán
riendo a carcajadas.-
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ANDRÉS
CANYENGUE
Orillera habanera lustra
el empedrado nocturno
del novecientos seis
allá, por Mataderos.
Casi de medio lado
funye negro, pañuelo blanco,
poncho y daga para
salir hablando
con voz de suburbio,
alimento de orfanato
y origen de conventillo,
Andrés canyengue camina
mientras desteje calles
con hilván de pensamiento chato.
De pronto la noche le silba
un ronquido de bandoneón
deshilachando tangos
con sabor a patio, donde,
un ocho, una sentada, y,
un tinto en el estaño apuestan
al olvido de suertes adversas.
Al entrar, ve una Rosa bailando
y se le antoja rosa entre cardos,
la faca insolente no pide permiso
y entre el cacatúa y él
sobra una mirada.
Rueda, visteo; el beso de los aceros
alumbran
danza y rostros
fríos , transpirados
de atacante y atacado.
Un ¡ Tomá! y rojas gotas
le baten al fuelle:
seguí sonando, acá,
el duelo se ha terminado.
Por Mataderos, Andrés,
luce una rosa encendida;
de sobra está el chamuyo,
basta calle y alumbrado.
Sólo yo guardo memoria
de aquella noche de duelo´
de una tal Rosa Molinari,
y Andrés canyengue, mí abuelo.
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DESPERTAR
Las bujías del sol
cancelan la noche;
disonante canción
asciende anacrónica
a un umbral de párpados,
aletean nerviosos
se lanzan al día
esperanza de retorno,
duda de regreso,
suponen supuestos
no respuestas,
transitan baldosas
de conjeturas.
La vida fluye
ignorando
el próximo segundo.
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EL CONQUISTADOR
De sangre, ebria ya la espada
a su sepulcro de recuerdos
vuelve.
Yelmo en mano el gran
conquistador
desde la grupa de su corcel
otea
el desvastado campo de batalla
ha logrado tantos cadáveres,
un montón de cenizas
villerianas,
una caterva de cuervos
dispuestos
al gran festín de cuerpos
masacrados;
repartirá un botín lleno de
nada
junto a los ruines que forman
sus legiones
poblará con orgías las
hogueras
violando a las mujeres que aun queden;
ha de llenar con fantasmas sus
alforjas
testigos de su impúdica
hazaña, mas
no podrá llevarse las
fronteras
ni los bosques ni pájaros que
vuelan
los aldeanos sus risas sus
historias
las fragancias aldeanas de la
aldea
ni el agua de esos ríos ni
animales
ni cerros,
atalayas de los duendes,
guardias
de inviernos y veranos.
Partirá con su gloria que es
nada
tan etérea como un sueño vano
y unas pocas heridas de
batalla.
Al volver el rostro
observa estupefacto
fantasmales
niños bailando rondas
infantiles
labriegos que sesgan y cantan
aldeanas blancas con enaguas
blancas
y cielo con dos lunas y dos
soles.
Desde su vacuidad comprende el
bruto
que un pueblo jamás muere,
y desde su ebriedad la torva
espada
carga el peso de toda la
vergüenza;
nació con temple y grito de
conquista.
Retorna
muda
junto al gran derrotado.
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ADIOS
Jamás tuve otra propiedad que mi
soledad,
me quisieron tal lo querían
mas nunca tal lo ansiaba
y en pluralidad meteorológica la
carne
se tornó terreno de angustias
profundo baldío que gritaba;
herido mi corazón alfarero
desbordó besos de su silo
mas ni un cuervo probó semilla
y en esperas los granos se
pudrieron.
¿Me pregunté, sirve el molino
si loca gira la muela sin trigo?.
Decidí partir fragmentado como pan
dejando sólo migas
y un deseo:
¡Cremad este cuerpo, sus fantasmas
adjuntos,
arrojad a la noche mis noches
desveladas!
Quizás
( Y me juego la última esperanza)
una ceniza pose sobre frágiles
lirios,
azucenas, o ,
una sencilla margarita que me
quiera.
---------------------------hasta aquí (Poemas al vuelo)----