DOS SOLEDADES
Bastó mirarnos un instante. Nuestras soledades dialogaron en silencio
hasta que la ciudad nos pareció inmensa.
Mientras nos dirigíamos a mi casa canturrié “ Juntos a la par”. Un
destello en sus ojos lo aprobó. Hicimos algunas compras al paso necesarias para
la ocasión.
Ya en la puerta titubeó, pero mi tibia mano sobre su cuello y un breve
beso la convenció.
Adentro no puso reparo en que luego de bañarme fuese su turno, como
buscando limpiar nuestro pasado. Hasta permitió que la ayudara, secara el pelo
y le aplicase loción.
Durante la cena sólo acepto agua. Ahora está extendida sobre el sofá
exhibiendo su juventud y hermosura.
Nuestras miradas son otras, ahora brillan por la emoción contenida. La
acaricio muy lento y se adormece….
Aquella primera mirada selló un amor incondicional y duradero.
Se ha dormido profundamente, segura que al despertar, la estaré
esperando con una sonrisa, un cuenco lleno de agua fresca y limpia y otro lleno
de alimento en trocitos que nadie le quitará.
Aún no le he puesto nombre.
Rubén Di Buccio
(Der.Res.) 2015-02-23

Una forma maravillosa de contar una historia , nada es lo que parece .... hay que llegar hasta el final . Hermoso relato amigo del alma.
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