¿ Y POR QUE NO?
¿Y por qué no?. No sería ruidosa, pero si,
infaltable la lujuria. El vino, de excelente calidad. Debía saber a
besos trasladados al éxtasis.
Pero lo principal eran los
participantes justos y merecedores de la fiesta. A la primera la elegí
por su ternura, aunque la tuve que hacerla bajar un poco los rollitos de
grasa. Fue fácil convencerla.
Al resto, los fui eligiendo por la afinidad al sentido del banquete, no me importaron si estaban sucios, desalineados o tendría que “acomodarlos un poco” , ya que las circunstancias lo exigían. Además de considerar el espacio que disponía.
Reunidos al fin, no sin arduo trabajo, se cruzaron lascivas miradas,
algunos roces de pieles, y tuve que intervenir antes de que todo
estuviera fuera de control. Por algo era el anfitrión.
Armado el
clima, música tranquila para disfrutar de ese amor exquisito, acomodados
en su sitio, inicié el ritual con un brindis oportuno…
Luego los
dejé – de a poco-, juntarse a su libré albedrío, hasta que se fueron
apareando y me ocupe de que se regaran con ese toque de uva macerada en
viejos toneles de robles.
Ya en pleno apogeo, comenzaron a exhalar sus aromas invadiendo la habitación hasta convertirla en una llamarada de apetitos.
De pronto dije ¡Listo!!!...calmé el fuego que los había entrelazados. La fiesta estaba a punto.
Y tranquilamente, me senté a disfrutar ese bello, aromático y sabroso
guiso de lentejas que había preparado. Por supuesto, acompañado de un
buen tinto.
Ruben Di Buccio
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