UN TROCITO DE CAÑO
Naciste mineral subterráneo.
Una montaña cobijaba tus días
en eterno paisaje;
Mas hubiste de sentir
clavarse
cual daga palas,
faenadas por ávidas manos
que ambiciosas te codiciaban.
Te socavaron del plácido
vientre
donde
tu dignidad tenía justa
altura y ,
no conforme la avaricia,
te sometió al alto horno del
fuego.
Estoico soportaste el
destierro
que hubieron de llamarte
hierro dulce.
La geometría incalificable
a golpes de maza y fragua
candente
golpearon formas sobre el lomo
del yunque del herrero
y por mas que te rebelaras a
chispas,
fuíste espada, grillete y
labranza.
No querías matar, pero
mataste…
no buscabas herir tu madre
tierra,
mas, obligado por otros la
labraste.
Hoy me dicen que eres un
caño,
- simple pedazo de caño-
Mientras te sostengo entre
mis dedos
pienso en tu destino y medito…
¡Suerte que no piensas, noble
hierro!
¿O tal vez, mansamente,
resignas tu destino sojuzgado?
Te percibo frío…¡Cómo no serlo!
si tienes tu corazón yerto.
2
¡Alto!, no tiréis ese humilde
trocito de hierro…
contempladlo…o permítete
pensarlo:
¡Se asemeja tanto a un obrero!
¡Quizá tengan destinos
paralelos!
Ruben Di Buccio (Der.Res.) 23-05-2016
No hay comentarios:
Publicar un comentario